Por Sorvali…Alejandro González
Un día se le acercó burlonamente el guatín a la tortuga: oye tortuga, ¿Qué haces hay tan quieta? ¿estás durmiendo o descansando? Porque yo fui a darle una vuelta al bosque y usted sigue casi en el mismo lugar. Mire, yo me recorro esta selva en un momento, para la velocidad soy el único. Yo soy capaz de ganarles la carrera a todos los animales que viven acá.
Eso está muy bien contestó la tortuga: mi cuerpo no está hecho para la carrera ni mis patas tampoco. Tu vida es afanada y tienes muchos enemigos que te persiguen para devorarte. En cambio, mi vida es tranquila y serena.
Siendo yo tan lenta, hace muchos años le gané una carrera a tu pariente el conejo, ¿cómo? contestó el guatín. Si, así fue, dijo la tortuga. Y sabe ¿Por qué le gané?: usted y su pariente en sus carreras alocadas y desesperadas en todos los momentos de sus vidas; no alcanzan a conocer la selva en toda su magnitud. En cambio, yo, que voy tranquila y pausada, tengo tiempo de conocer todo lo que hay a mi alrededor y visualizar los caminos más cortos para llegar a un lugar. Ahora sabes, ¿porque le gané a tu pariente?